El 10 de noviembre la noticia de la muerte de Robert Enke conmocionó a todo el mundo. Cerca de Hannover, en Neustadt am Ruebenberge el portero nacional de Alemania se suicidó echándose en el carril de un tren. Deja a una mujer y a una niña de un año y medio. Su equipo, el Hannover 96, y el equipo nacional de Alemania reaccionaron con consternación. La policía confirmó que una carta de despedida fue encontrada en su coche, cerca de las vías. Así, no hay dudas de que se trata de un suicidio.
Parece que Robert Enke es una victima de la meritocracia del deporte. Como se sabe hoy, Robert Enke sufría depresiones pero no se atrevió a confiar en nadie. Según su mujer él tenía dudas de que hubiera posibilidades de seguir siendo el portero nacional si el entrenador se enteraba de que sufría depresiones, a veces muy graves. Solo un par de amigos y su mujer sabían que Robert Enke estaba enfermo.
El equipo nacional canceló un partido amistoso. El 11 de noviembre tuvo lugar una honra fúnebre en el estadio de Hannover 96. Lo que más emocionó a los 40.000 fans fueron las palabras de su mujer, que pidió que su muerte no fuera olvidada.
Ahora empieza el debate sobre el valor de la salud en el mundo del deporte profesional. ¿Cuántos más deportistas hay que también sufren dudas personales y que no se atreven a confiar en nadie, ni siquiera en un medico? ¿Cómo saber su valor en un mundo en que el segundo ya es el perdedor y en el que el número diez del mundo no vale nada? Ahora los responsables de la implantación de un sistema muy duro de rendimiento tienen que explicarse. Tenemos que pensar un sistema que no olvide la humanidad. Para Robert Enke la ayuda llega demasiado tarde. Pero tenemos la obligación de evitar casos iguales y crear un clima de confianza y un sistema de rendimiento en los que un deportista pueda tener fallos y que no dañe su alma.
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